A cinco tiempos de tu muerte, 5: Adidas
Viene de: https://lahechicerarubia.es/a-cinco-tiempos-de-tu-muerte-4-el-cafe-de-mediodia/
Justo a las ocho, se sentó Víctor en su sitio en el aula. Había aprendido que aprovechar tiempo y espacio ayuda por igual para esquivar a los insoportables.
Su atuendo no llamaría la atención de nadie: ropa sencilla y zapatillas Adidas, nada extraordinario. Pero contrastaba con el aspecto descuidado que los problemas económicos habían dejado en él.
Marcos y Fernando lo vieron enseguida. Ambos repetían primero de la ESO.
—Mira, nos han traído el almuerzo —dijo Marcos, contento de ver a su saco de boxeo favorito.
—Se ha aseado mucho para venir. Toda esa ropa aún no ha tocado suelo —contestó Fernando.
En el descanso de las once, tuvo que salir al patio. Le estaban esperando. Marcos le cerró el paso mientras Fernando se colocaba en la puerta del pasillo para que no pudiese refugiarse en el edificio.
—A ver qué nos has traído hoy —dijo Marcos, estirando la mano para coger el bocadillo.
—Déjame en paz, Marcos.
—Que me lo des, coño. Te has gastado lo poco que tienes en asearte y no has dejado nada para el almuerzo.
Fernando le cogió los dos brazos por la espalda como una tenaza. Marcos abrió el bocadillo.
—¿Una brascada? ¿En serio? ¿Esto no es un lujo para un muerto de hambre como tú?
—Eres un imbécil. Soltadme y devolvedme mi comida.
Marcos hizo una seña y Fernando le soltó. Víctor fue a coger su almuerzo y Marcos lo dejó caer al suelo a propósito.
—¡Uy, qué lástima! Se me ha caído —dijo mientras lo pisaba—. Joder, casi resbalo con esto.
—No te tengo miedo, retrasado de mierda. Ahora mismo voy a denunciarte.
Cuando se disponía a reentrar en el edificio, Fernando le golpeó las piernas por detrás. El chico cayó de rodillas, raspándose los pantalones y las manos en la gravilla. Marcos aprovechó y le dio una patada en la cara, rompiéndole el labio.
—Miradlo, ya no está tan limpio —se rio Fernando, restregando la suela de su zapato en la espalda de Víctor.
—Con lo grande que es el mundo, la peor mierda de Alcácer y la peor de Silla os habéis juntado aquí. ¿No podrías buscar en otro sitio un estercolero que fermentar? —increpó Valeria, que había grabado toda la escena y la había enviado al tutor.
—¿Qué pasa, Valeria? ¿No somos buenos vecinos para ti? ¿Qué tienes con Dosequis? ¿Es tu novio? —contestó Marcos.
—¿Dosequis?
—Dos padres, dos cruces, Dosequis. Y se ve que el último que ha matado tenía póliza de seguro.
—Será mejor que vayáis pensando qué vais a contar a la junta escolar. Todo lo que habéis hecho ya es público —informó Valeria.
—¿Nos has grabado? —preguntó Fernando, al tiempo que se disponía a atizarla.
Víctor le cogió las dos piernas y Valeria le ayudó a que cayera de morros al suelo.
—A mí no me toques, sucedáneo de escorbuto —dijo la chica.
El tutor salió por la puerta para despejar la pelea. Valeria se puso los cascos y desapareció por el pasillo.

Al terminar las clases, Marcos y Fernando esperaban al chico de nuevo. La bronca en el despacho del tutor no los había acobardado; solo les había inyectado más rabia. Estaban apostados junto a la verja exterior, bloqueando el paso hacia la avenida.
Víctor bajó la cabeza e intentó esquivarlos, pero Fernando lo estampó contra la valla.
—¿Te creías que lo del vídeo te iba a salir gratis, Dosequis? —le gritó mientras lo aplastaba contra los alambres.
Marcos le dio la vuelta y le asestó un rodillazo directo al estómago. Víctor se dobló hacia adelante, perdiendo el aire.
—No vales nada. Eres más flojo que un chicle en agosto, y pisarte da el mismo asco.
Fernando le arrancó la mochila de los hombros de un tirón.
—¡Igual hasta lleva pasta! —dijo Fernando, haciendo señas a Marcos.
Marcos salió tras Fernando, riéndose a carcajadas. Víctor tosió buscando oxígeno y levantó la vista. Vio cómo los dos acosadores enfilaban hacia el autobús de la parada.
—¡Dadme mis cosas! —reclamó Víctor.
Marcos y Fernando subieron los escalones de un salto y se abrieron paso hasta la última bancada. Víctor llegó al fondo del autobús y se lanzó sobre ellos.
No llegó ni a lanzar el primer golpe. Marcos le cruzó la cara con un puñetazo, justo sobre el corte del labio.
Víctor se desplomó de bruces y, antes de que pudiera revolverse, Fernando le plantó la rodilla entre los omóplatos, aplastándolo contra el suelo.
Las puertas del vehículo se cerraron con un soplido neumático.
—Tú te quedas aquí abajo, enano —gruñó Marcos desde el asiento—. Hoy te vienes de excursión.
El autobús salía ya a la V-31 cuando, en un descuido de Fernando, Víctor consiguió soltarse y se incorporó para encarar directamente a Fernando, que se sujetó entre dos asientos y le dio una patada en el pecho que lo tiró al suelo de espaldas. Se llevó una mano a la nuca por el dolor y se incorporó.
—¡Estáis locos! ¡Esto tiene que acabarse de una vez para siempre! —bramó.
Clic.
Algo empezó a sonar dentro de la mochila.
—Parece que el nuevo pijo tiene un altavoz Bluetooth que regalarnos —se rio Marcos.
—A ver, sácalo —increpó Fernando mientras escarbaba en la mochila.
—Dejadlo —gritó Víctor—. No sabéis con qué estáis jugando.
—Los de ahí atrás, os estáis quietos y os sentáis bien, pero ya. Estoy harto de vuestros numeritos —gritó el conductor.
—La música la hace esta cosa —dijo Marcos, haciendo ademán de cerrar la caja.
Clic.
—Dame. Tienes menos chicha que el rabo de un marrano —dijo Fernando, apalancando la caja contra el asiento con los pies—. No puedo, coño. ¡Ahora verás!
Usando la llave de seguridad de su casa, trató de forzar el mecanismo. El cilindro atrapó la llave y la fue doblando y plegando como si fuese papel de aluminio, haciendo suyo el material.
—Puto trasto, mira lo que ha hecho con la llave —protestó—. Mi madre me va a matar.
Clic.
Todos los móviles en el autobús sonaron con la misma canción, sincronizados. El estruendo repentino rompió una de las ventanas del autobús. El conductor frenó, pero los frenos no respondieron.
—¡No tenemos frenos! —gritó, mientras intentaba reducir la velocidad con la palanca de estacionamiento.
Los gritos de los chiquillos no se oían entre el bullicio de la canción. Víctor se levantó e intentó coger la caja.
—Dámela. Esto va a acabar muy mal si no lo paramos.
Marcos cogió la caja de manos de Fernando.
—Cógela si tanto la quieres, insecto.
Víctor llegó a tocarla, justo antes de que una bofetada de Fernando lo hiciera caer de morros sobre el pasillo.
Clic.
El conductor intentaba tomar una salida, pero todas estaban colapsadas. Era hora punta.
Entonces lo vio, justo enfrente: el tráfico estaba completamente detenido. Un accidente había bloqueado la calzada. No había escapatoria.
—¡Agarraos a los asientos, vamos a chocar!
Clic.
Al oír el grito, Víctor levantó ligeramente la vista. Un camión cisterna de combustible estaba maniobrando enfrente de ellos. No los separaban ya ni cien metros.
«Estamos muertos».
De repente se giró.
—¡Marcos, te regalo la caja, es tuya!
Y se dejó caer.
La caja se cerró de golpe con un chasquido tan fuerte que cortó el dedo índice de Marcos.
La música cesó.
El camión cisterna dio un último volantazo, abriendo el espacio para el carril de emergencia establecido junto a la mediana. El autobús le arrancó parte del lateral al pasar. El roce con los quitamiedos acabó deteniéndolo.
De pronto, silencio.
Marcos seguía sangrando sobre los asientos, mientras Fernando presionaba la herida con una camiseta.
Víctor cogió sus cosas y accionó la palanca de emergencia de la puerta. Valeria lo observó desde el autobús mientras se perdía tras los coches de la salida del IKEA.
¡AHORA DECIDES TÚ QUÉ OCURRE! 🎃
Víctor ha descubierto lo que parecía imposible: cómo cerrar el orsai. Ahora tiene que volver a casa destrozado. ¿Qué podría haber pasado justo antes del siguiente capítulo?
Capítulo 5: ¿Qué no vemos en el final de este capítulo?
💬 Dejad vuestro voto y los comentarios que queráis añadir antes del 12 de octubre. La opción más votada determinará cómo continúa la historia. Son 3 días cada continuación y acabamos en el día de Halloween…
Atrévete a dirigir la construcción de esta historia.
No olvides compartir, es muy importante.
Descubre más desde La Hechicera Rubia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
