A cinco tiempos de tu muerte, 7: Anime
Viene de: A cinco tiempos de tu muerte. Capítulo 6: Violencia.
Música que se menciona en este capítulo:
El padre de Valeria las vio aparcar y salió.
—¿Tarde de compras, Marta? ¿Muchas cosas nuevas? —preguntó a su esposa. Valeria se lanzó a abrazarlo antes de que pudiera contestar.
—Bueno… Tanta emoción es algo nuevo. ¿Qué ha pasado, Valeria?
—Ahora te lo contamos, papá. Ha habido una pelea en el autobús, y también un accidente, y una caja muy rara —contestó la chica.
En la cocina, la madre le explicó a su marido lo que sabía y le dijo que afianzara la caja para que Valeria estuviese tranquila.
—Bueno, chicas, vamos a inmovilizar ese trasto —dijo el hombre—. En Steelinox usamos estas bridas para unir lo que no se puede soldar. Queda igual de fuerte. Son infalibles.
Ajustó un par de bridas de tracción continua hasta dejarla bien asegurada. Los trinquetes metálicos chasqueaban con la tensión mientras las bridas se aplastaban contra la caja.
—Y la dejamos en el congelador. No queremos que nos despierte.
—Está bien, papá. Y mamá, si vuelve a empezar, te digo: «Mamá, te regalo la caja». La caja se apaga y que rule la vida. ¿Entendido? Luego me la devuelves cuando te la pida, no antes. A Víctor le funcionó… aunque era suya. Él podía regalarla.
—Vale, hija. Estudiar en la capital te hace muy exigente. Mensaje recibido.
—Mamá, que tú no estabas en el…
—Sí, sí —cortó la mamá—, lo sé. Hoy preparamos la cena entre todos. ¡Venga!

Valeria subió a su habitación y se acomodó en la cama con el portátil sobre las rodillas. Puso el episodio veinticuatro de Evangelion.
Entre las ruinas de una ciudad muerta, un chico sentado sobre un bloque de hormigón tararea el Himno a la Alegría de Beethoven. Es Kaworu, Tabris, el decimoséptimo ángel, aunque a simple vista parece humano.
Shinji y Kaworu hablan de la música, una de las grandes creaciones de la humanidad, pero hace rato que Valeria no escucha nada. Está fascinada, hipnotizada con la imagen de Kaworu, con su serenidad desconcertante.
Clic.
The Cruel Angel’s Thesis suena de fondo. Es la banda sonora de la serie. Para Valeria, no tiene nada de especial.
El capítulo continúa.
—Los humanos sienten un dolor constante… Como el corazón siente dolor fácilmente, también siente que vivir es sufrir —se oye decir a Kaworu.
—Joder, esta serie me gusta cada vez más. Me ha parecido oír a Kaworu aquí mismo —soltó Valeria en voz alta.
—Es que estoy aquí —respondió él, mientras la miraba sentado en la cesta de la ropa.
Dos chasquidos metálicos se oyeron en el sótano, como dos disparos.
—¡Mamá! ¡Te regalo la caja! —exclamó, saliendo como un rayo de la habitación para comprobar la caja.
Su madre la vio bajar corriendo y fue tras ella.
El congelador tenía dos agujeros. Los trinquetes de acero lo habían atravesado como balas.
—No podemos contenerla —anunció Valeria—. Es mejor que la dejemos así hasta que se la devuelva a Víctor. A papá le va a costar un buen rato arreglar el estropicio.
—Por lo menos la podemos apagar —afirmó su madre—. Lo mejor será acostarnos y mañana será otro día.
—Sí, mamá, buenas noches —dijo la chica con un beso.
Valeria abrió despacio la puerta de su habitación.
—No has desaparecido, ¿verdad?
—¿Tenía que hacerlo? —dijo Kaworu.
—No lo sé. No sé si quería que desaparecieras. Supongo que no. ¿Puedo tocarte?
—Claro. ¿Por qué no vas a poder tocarme?
Valeria se sentó en la cama, frente a él. El portátil aún mostraba la imagen de la primera conversación entre Shinji y Kaworu.
—Mira, Kaworu. Tú estás aquí, en un anime. Este eres tú.
—¿Entonces cómo puedo estar aquí? No soy igual.
—No. Eres de carne, humano. ¿Sabes por qué has venido?
—Sí.
—¿Sabes lo que es la caja?
—¿Qué caja?
—Has venido porque yo te he llamado y una caja ha cumplido mi deseo. Por eso no sabes lo de la caja.
—¿Tenéis cajas que cumplen deseos? Eso es más cool que la música. Podría desear llevar una orquesta siempre conmigo.
—Ah, no. No funciona así. Da igual. Supongo que es inútil intentar explicártelo todo.
Valeria se quedó un momento mirándolo y el miedo la hizo estremecerse.
—Tienes frío —dijo—. El miedo de los humanos es curioso. Se encierran en sí mismos para no ser heridos, pero la soledad les duele aún más.
—Tú… ¿Tienes que hablar así? —murmuró ella. La fascinación le cortaba el aliento y ese cosquilleo extraño en el estómago no la dejaba en paz.

Valeria bajó a desayunar con Kaworu. Encima de la mesa, sobre el orsai, una nota con una sola frase: «Valeria, este es un regalo para ti. La caja es tuya».
—Come lo que quieras, pero date prisa, Kaworu, tenemos que coger el autobús del pueblo. Yo no paso por el autobús escolar hoy. Además, no sé si hay, después del accidente de ayer.
Valeria metió la caja en la mochila justo antes de dirigirse a la parada.
Se sentaron al fondo. Valeria se apoyó en su hombro. Kaworu miraba el paisaje por la ventanilla, donde el cielo y el mar en calma trazaban la línea del horizonte.
Sentía el calor de Valeria. Amaba su capacidad de encontrar belleza incluso en el sufrimiento. Él era el principio del fin de la humanidad. La aniquilaría para devolver la paz a todas esas almas.
—El agua de este lugar es hermosa —murmuró Kaworu—. Tan llena de vida… y tan dispuesta a aceptarlo todo cuando llegue el momento.
Valeria no entendió esas palabras. Sonrió y apretó la mochila contra sus piernas. En cuanto llegaran al instituto, la caja se convertiría en el problema de Víctor.
—Cuando lleguemos, te presento como mi amigo japonés, ¿vale? Tú sígueme la corriente —dijo Valeria radiante.
—Sí —contestó él. «Ese sufrimiento incesante», pensó.

Entraron en el instituto y Valeria tiró de Kaworu hacia su grupo de amigas.
—Tía qué fuerte. ¡Cuenta, cuenta! —pidió Merche, pillándola por sorpresa.
—¿Qué quieres que cuente? —contestó Valeria.
—No te hagas de rogar. Tú ibas en el autobús ayer —replicó mientras se hacía un corrillo a su alrededor.
—Ah, lo dices por el autobús. Perdona, Merche. Hemos venido en el de línea y se me había olvidado. Tuvimos un accidente muy raro. Había pasado antes algo en la carretera y casi nos la pegamos con todo, pero al final no pasó nada. Os paso el vídeo por WhatsApp.
—¿Nada? —preguntó Cristina—. ¿Entonces cómo es que Marcos y Fernando están muertos?
—¿Qué? —exclamó Valeria—. ¿Ha muerto Marcos? «Claro. Ahora tiene sentido lo de la caja». ¿Y Fernando también? ¿Los atropellaron? Yo los vi llegar a la vía de servicio y estaban bien.
—A Fernando lo atropelló su padre con el coche. Después se enfrentó con Marcos y los dos murieron en la pelea —explicó Cristina.
—No sé nada de eso… —musitó Valeria, mareada. Kaworu la sujetó.
—¿Estás bien? —le preguntó.
Ella asintió, incapaz de hablar.
Entonces vio a Víctor al otro lado del vestíbulo.
—Víctor. Te he traído la caja.
Víctor reparó en el chico que la agarraba de la mano.
—¿Quién es?
—Kaworu. Es… un amigo.
—¿Y de dónde ha salido?
—Es una historia muy larga. Luego te lo cuento.
—No. Cuéntamelo ahora.
Kaworu inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Tú eres Víctor? Valeria me ha hablado de ti.
Víctor miró a Valeria. Después, miró la mochila.
—Quiero que te largues, Kaworu —espetó.
¿QUÉ ACABA DE OCURRIR Y QUÉ PASA AHORA? 🎃
Capítulo 7: Víctor acaba de exigir a Kaworu que se largue
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