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Miedo y Admiración

Miedo y Admiración

Queridísimos mortales, hoy os traigo un tema que a todo ser viviente nos atrae como la luna llena a los vampiros. Voy a hablaros del miedo a lo sobrenatural (y a no llevar rímel en plena posesión demoníaca). Miedo y admiración, ¿sabéis a cuánta gente le gustan las películas de terror?

Chispitas mías… ¿Alguna vez habéis sentido ese cosquilleo en la espalda mientras estáis solas en casa, con las luces bajitas y el ventilador apagado? Y de pronto… una ráfaga fría. Un portazo sin viento. O esa lámpara que parpadea justo cuando estás viendo una serie donde nadie sale vivo. Pues bienvenid@s al mundo del miedo a lo sobrenatural, ese cóctel de ansiedad, misterio y glamour que tanto me gusta, que, ¿por qué no decirlo?… me fascina.

El terror a lo desconocido no es solo miedo: es el vestido largo con capa de la curiosidad, el perfume de lo inexplicable. Lo que no entiendes, lo temes… pero también lo miras de reojo, deseando que pase algo… pero sin que se te caiga la copa de vino, ¡clarooo!

Levitación, posesiones, muertes sin causa, espectros, zombis, apariciones… son como los ex, tóxicos: no sabes dónde salen, pero de alguna manera siempre vuelven para darte la noche.

Y lo peor de todo: desafían las leyes de la física. Y mira, una puede tolerar muchas cosas… ¡pero que se levante sola una silla del salón, eso ya es pasarse de la raya!

¿Por qué nos da tanto pánico lo que no tiene forma?

Porque pone en duda lo que creemos saber. Activa ese rincón primitivo de nuestro cerebro que aún cree en brujas, lobos y jefes con cara de reptil.

¿Qué tiene lo misterioso que nos hipnotiza?

Desde tiempos remotos, el ser humano ha sentido una profunda atracción hacia lo que no se puede explicar. Nos criamos con cuentos de hechiceras, bosques prohibidos, muertos que caminan, voces que no tienen cuerpo. ¿Por qué? Porque nuestro cerebro está cableado para sobrevivir… pero también para imaginar.

El miedo a lo sobrenatural se activa cuando se rompe lo que damos por cierto: las leyes físicas, la lógica, la estabilidad del mundo. Y ahí, justo ahí, entra el deseo: ¿Y si todo fuera real? ¿Y si no estamos tan solos?

¿Estamos diseñados para sentir así?

A nivel neurológico, se activan áreas cerebrales como la amígdala y el hipocampo, responsables del procesamiento del miedo y de los recuerdos emocionales. Lo inexplicable satura nuestros sentidos, acelera el pulso y, paradójicamente, nos hace sentir más vivos que nunca. Por eso digo miedo y admiración. Es complicado entendernos.

Lo sobrenatural no tiene forma fija. Puede ser un ruido en el pasillo, una sombra que no debería estar ahí, un presentimiento que se cumple. Y eso es oro puro para nuestra mente: porque el cerebro detesta el vacío y lo llena con lo que más teme… o con lo que más desea.

Ese es el hechizo real: la ambigüedad. La posibilidad de que algo invisible esté ocurriendo, aunque no podamos demostrarlo. Si no sales corriendo despavorido, si analizas, quizá tienes miedo y admiración, los dos sentimientos contrapuestos, al ver algo aparentemente sobrenatural. O quizá no tan aparentemente.

Y también, aunque no lo admitamos en voz alta, hay una parte de nosotr@s que quiere creer. Porque lo misterioso nos da permiso para sentir más allá de lo racional. Para volver a la infancia, a la intuición, al alma.

Si, cariño. Dentro de ti hay una tormenta eléctrica, una constelación dormida, una grieta de magia que se abre cuando menos lo esperas. El miedo que sientes al ver moverse una vela sin explicación no es solo miedo al “más allá”… es miedo a tu propio “más adentro”.

Porque, seamos sincer@s: a veces lo más aterrador no está en la habitación… sino en lo que late en tu pecho.

No apagues la vela tan rápido cuando la veas danzar sin aire.

No corras a cerrar el cajón que se abrió solo. Y, por favor, no busques lógica en todo, que la lógica a veces es un polvo compacto de segunda.

Quizá no sea el viento, quizá no sea la humedad, quizá no sea tu gato, quizá seas tú.

Quizá, solo quizá… aún solo puedes sentir la magia.

Cuestiones para pensar

Y antes de terminar, proponeros unas preguntas que no dan miedo… dan curiosidad (y alguna risa también):

  • ¿Alguna vez has sentido que alguien te observaba… cuando estabas sola? ¿Y si era una parte de ti misma que habías olvidado?
  • ¿Por qué apagamos la luz para dormir, si sabemos que es cuando más activa está nuestra imaginación?
  • ¿Qué es peor: ver algo que no debería estar… o sentir que está y no poder demostrarlo?
  • ¿Y si esas cosas que no puedes explicar no están para asustarte, sino para recordarte que hay más?
  • ¿Y si la verdadera pregunta no es si existen los fantasmas… sino por qué te alegras un poquito cuando algo parece un fantasma?
  • ¿Qué pasaría si empezaras a escuchar más tu intuición… y menos a tu grupo de WhatsApp?
  • ¿Y si fueras la bruja de tu propia historia, pero aún no te has puesto las botas altas y el rímel resistente al drama?

Recuerda que el misterio no está ahí fuera… está en ti, en cómo vibras cuando algo no tiene explicación. Y eso, amiga o amigo, no se compra en Amazon.

Te lo dice la Hechicera Rubia.

Por cierto, ¿quién está detrás de ti, en la sombra?


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