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Duelo de velas

Duelo de Velas

Hay un tipo de duelo, sin rímel corrido, del que no se habla lo suficiente. No es por alguien que se ha ido, sino por algo que se va con el tiempo: la juventud.

Sí, queridas y queridos, esto va de cumpleaños sin querer cumplir años. De mirar el espejo y preguntarte:

—¿Y tú quién eres y qué hiciste con mi mandíbula?

Y peor aún: de que el espejo no responda… porque el mundo entero ha empezado a no verte.

Porque con los años, no solo el cuerpo cambia. Cambia también cómo nos ven. O aún peor: si nos ven.

Y si a eso le sumamos el peso del ideal de belleza (ese que nos enseñaron cuando aún veíamos Sailor Moon), el fardo se hace montaña.

Vamos a pensarlo otra vez

¿Y si te dijera que este duelo no tiene por qué doler?

Apagar velas debería ser motivo de fiesta, no de funeral simbólico. Pero LO QUE SE APAGA A VECES NO ES LA VELA… ES LA MIRADA LUMINOSA que tenías sobre ti misma.

Y claro, una pregunta de hechicera:

¿Cuánto de ese malestar es realmente tuyo? ¿Y cuánto has tragado, sin chistar, de una cultura que glorifica lo joven, lo nuevo, lo liso y lo “sin estrenar”?

Porque dime: ¿Quién decide tu valía? ¿Tu reflejo? ¿Tu edad? ¿Un algoritmo? ¿El jefe que cree que a los 40 años ya no aprendes ni a usar Google Meet?

No, queridos. Eso lo decidís vosotros.

Y te digo como mujer que ha vivido ya varias estaciones y que aún prende velas en vez de apagarlas. Algunas aromáticas, otras rituales, otras para leer con mejor luz. Pero nunca, jamás, para llorar lo que ya no soy. Por lo que soy ahora, me ha costado muchas lunas y mucha magia.

Si rescataras una foto de tu abuela a tu edad, salvo que fuera una adelantada a su época, verías a una mujer muy distinta. Con otras expectativas, otras herramientas. Y probablemente sin tiempo para preguntarse si su contorno facial seguía siendo tendencia. ¿Te das cuenta? No somos como ellas. Vivimos más, y mejor.

Entonces, ¿por qué nos castigamos más?

Vivimos con más recursos, más voz, más experiencias y, sin embargo, muchas soplamos velas como si nos estuvieran firmando el finiquito de nuestra vida.

Si no sabes que día vas a morirte…

¿Cómo sabes que ya es tarde para empezar algo nuevo?

Eso fue mi momento «ajá».

Una noche, sola, con mi copa de vino rosado y espumoso, un haz de luz y mis cremas de noche elaboradas con polvos de libélulas, puestas como armadura, me dije:

—¿Y si este es el mejor día que te queda? ¿De verdad te lo vas a pasar quejándote de tu papada?

No. Ese día me apunté a un taller, le hablé bonito a mi cuerpo, escribí este blog, y abrí la puerta a lo que venga.

Así que, si me dejas darte un hechizo de bruja rubia, aquí va:

No temas al paso del tiempo, teme a pasar por el tiempo dormida.

Las canas no dan miedo, lo que asusta es vivir creyendo que ya no puedes empezar otra historia.

¿Tienes prejuicios edadistas? ¿Has dejado de soñar con cosas nuevas por creer que ya no estás en edad? ¿Quién te enseñó eso?

Y lo más importante. ¿Cuánto más vas a dejar que te frenen esas ideas que ni siquiera nacieron de ti?

Apaga las velas con deseo, no con vergüenza. La vida sigue, y la magia, también.

Con cariño y un brochazo iluminador,

La Hechicera Rubia

Disponible en iVoox