La distancia lo estropea todo
El diablo entra por las rendijas, aunque son las personas las que terminan estropeándolo todo con la distancia

Hoy os habla el rey de las tinieblas.

Sí, sí… yo, el diablo, Lucifer, el Amo Luc para los amigos, amo del infierno, director general de las malas decisiones, consejero de los «ya cambiará», «seguro que esta vez funciona» y «no pasa nada por esperar un poquito más».

La Hechicera Rubia me ha prestado las llaves de su blog. No sé en qué estaba pensando, pero prometo devolvérselas… o no.

Hoy vengo a hablaros de una de mis obras maestras: el amor a distancia.

Ella, la buena samaritana, os ha contado que la distancia aviva la llama. Lo que pude reírme con esa entrada.

¡Ja! Espera, que me da la tos con tanta risa infernal. Jajajaja. Vaya tela.

La aviva… claro, como un cubito de hielo a una barbacoa.

No, pobres incautos. El amor a distancia no alimenta el fuego, sino que, al contrario, lo pone a dieta.


Yo nunca derribo puertas.

Es una de mis grietas favoritas, porque yo no entro derribando puertas. Eso es muy de aficionados. Yo entro por las rendijas.

Una videollamada que se aplaza, un «hoy estoy cansado», un mensaje que se queda en visto, una diferencia horaria, un «este verano seguro que nos vemos».

Cuando queréis daros cuenta, ya no habláis de cómo os sentís, solo habláis de cuándo podréis veros… como si fuerais ministros organizando una cumbre internacional.

Mientras tanto, yo me siento en primera fila, en butaca de lujo, con unas palomitas infernales.

Porque la distancia tiene un superpoder maravilloso: deja que la imaginación haga horas extra sin medida.

Si sale con amigos, seguro que hay alguien que la mira poniendo ojitos. Si ha puesto una foto sonriendo, seguro que esa sonrisa era para otra persona.

¡Gracias, imaginación, mi aliada! ¡Nunca me fallas!


El calendario trabaja para mí.

Y luego están los héroes, esos que dicen:

«Nuestro amor puede con todo».

Jaja… esos tortolitos son mis favoritos. Los primeros que caen.

Porque «todo» incluye facturas, kilómetros, horarios imposibles, vuelos caros, trabajo, familia, internet que se corta justo cuando venían las palabras importantes y, por último, la rutina.

Ja,ja, ja alma terrenal, no necesito hacer nada. Esos superenamorados se ahorcan solos.

Solo hay que esperar un poco, y tiempo tengo de sobra. Es la ventaja de ser inmortal. Desde mi trono dejo que el calendario haga el trabajo por mí.

Aunque, de vez en cuando, alguna pareja consigue sobrevivir. Es un fastidio de gente. Los muy babosos se llaman todos los días, se buscan, se eligen incluso cuando tienen que pasar por algo incómodo, convierten los kilómetros en un trámite y no en una excusa.

En cinco palabras:

Esas parejas son mi kriptonita.

Por suerte, son menos que las que presumen en redes sociales.

Así que, si estás viviendo un amor a distancia, tranquilo. El reloj ya hace tic tac, tic tac. Va descontando el tiempo que os queda «juntos», pues ya ha empezado a trabajar.


No hacen falta cuernos.

Las relaciones no suelen romperse con una gran explosión. Son las pequeñas cosas, que van acumulándose unas sobre otras hasta que ya es imposible hacer limpieza.

Como los coches: si no haces el mantenimiento a tiempo voluntariamente, llega un momento en que ya no merece la pena hacerlo ni obligado.

Así que, cuando oigas o digas «a nosotros no nos va a pasar», si pones el oído, me oirás reírme con ganas.

No hará falta ni el contrato con letra pequeña, ni siquiera que enseñe los cuernos o la cola.

El trabajo será todo vuestro. Y solo necesito que lo haga uno de los dos.


La pobre hechicera.

Pobre Hechicera Rubia. No sabe lo que ha hecho cediéndome el control del blog.

Además de buena gana, soltando eso de:

«Todas las voces merecen ser escuchadas».

¿Hace falta ser tan buena persona?

Incluso diría más.

¿Aún hay gente que no se cuida de las mosquitas muertas?

Hoy me deja el teclado y mañana alquila una habitación a algún poltergeist.


Todos sois especiales… claro.

Seamos realistas, el amor a distancia es romanticismo.

No hay nada más romántico que verse una vez al año… o dos, si Ryanair no decide que vuestro amor también es equipaje de mano prescindible.

Cuando más me troncho es con frases como:

«Lo nuestro es especial».

Miles de años de humanidad… y lo acabáis de inventar: El amor distinto, un cariño de lo más variopinto. Permítanme que lo dude.

Las relaciones a distancia son como la lavadora. Entran dos calcetines y recoges solo uno. Con las relaciones a distancia pasa igual: empiezan dos, y luego hace aparición alguien en el trabajo. Alguien demasiado próximo.

Quizá un argentino con una guitarra, un informático que sabe qué botón pulsar, o una monitora de gimnasio que redefine el spandex como la nueva lencería visible (o invisible).

Y ya empiezan a no salir las cuentas.


A trescientos kilómetros todos somos perfectos.

«Es que es perfecto, no le encuentro ningún defecto».

¡Claro! ¡Si no convives con él!

No ves la toalla en el suelo. O peor, mojada sobre la cama. No ves la tapa del váter levantada. No le oyes masticar ni sorber la sopa.

¿Eres de las personas que aspiran los espaguetis o de las que odian a quienes lo hacen?

No tienes que esperar cuarenta minutos a que elija una serie o una película.

En ese tiempo que os veis, no os da tiempo a descubrir los nuevos pelos, los granos o las pequeñas manías. O simplemente no les dais importancia.

A trescientos kilómetros, todos somos almas gemelas.

A tres metros, seres humanos.

Pero no os engañéis.

Las parejas que conviven pueden fracasar o triunfar.

Las parejas a distancia no tienen ninguna posibilidad.


El mundo entero es una isla de las tentaciones.

El amor a distancia es como mi reality favorito. ¿Habéis visto La isla de las tentaciones? Es mi preferido porque los productores son mis ángeles caídos que mando a la tierra para destruir el amor.

Os parecerá que es algo extremo y aislado, pero, en realidad, sucede cada día, en un lugar llamado mundo.

Todos entran con la típica frase:

«Confío plenamente en mi pareja».

Y salen preguntándose: ¿Pero quién es este con el que mantenía una relación? ¿Se ha convertido en un gremlin? ¿Cómo he podido amar a esa persona?

Eso sí es amor en la distancia: Mientras todos se destruyen, yo invito a cócteles de mango llenos de pócimas para la tentación. Y esos que alardeaban de fidelidad, caen en mis redes más fácil que respiran.

La Hechicera Ingenua… perdón, Rubia; me traiciona el subconsciente… os insiste en que el amor verdadero supera kilómetros.

¡Qué cosa más mona! ¡Qué ternura!

Como lo de hacer deporte cada día, dejar de fumar o comer mejor.

Todas esas patrañas que dice la gente.


Un último consejo del diablo

Así que, queridos enamorados de wifi y videollamada, seguid diciendo que la distancia fortalece.

Yo seguiré en mi trono, con tridente, esperando el mensaje que nunca falla:

«Tenemos que hablar».

O cualquiera de esos casuales:

«Te juro que solo es una amiga». Esta es mi frase favorita.

«Solo es un compañero de trabajo».

«No sabía que tenía familia aquí; hemos ido a celebrarlo».

La hechicera Rubia insiste en que el amor verdadero siempre encuentra el camino como un mandaloriano. Yo, sin embargo, creo que también encuentra muchos desvíos.

Y en algunos te preguntarás adónde te habrían llevado.

Conociendo a vuestra anfitriona, ya supondréis que me ha pedido que termine esta entrada con esperanza.

Me da urticaria solo de pensarlo.

Si no quieres venir a mi terreno…

No decepciones.

Te lo dice quien espera tu alma con los brazos abiertos.

El Amo Luc.


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por Amo Luc

Lucifer, bueno, ¿quién no conoce mi historia? De todas formas, algún día os contaré mi versión, para que conozcáis la verdad. Menos mal que conseguí salir de ese horno. Luego dicen que Dios aprieta pero no ahoga.

13 comentario en “La distancia lo estropea todo, ayudada por las personas”
    1. Querido Amo Luc:
      Me ha costado limpiar mi blog de azufre, humo, sarcasmo y malas vibraciones. Con tu entrada, hasta mi escoba ha pedido una baja laboral por estrés.
      He tenido que pasar tres sahumerios de lavanda, dos litros de agua de luna y pronunciar diecisiete veces el hechizo «fuera negatividad». Incluso un unicornio se negó a entrar hasta que ventilé bien.
      Así que gracias por tu visita… pero la próxima vez, deja las botas del averno en la puerta. La moqueta emocional cuesta mucho de limpiar.
      Y una última cosa: dices que la distancia no estropee mis sueños. Tranquilo. Mis sueños llevan GPS, brújula y una pizca de magia. Los tuyos, en cambio, siguen dando vueltas por una rotonda del infierno.
      Con purpurina, romero y una sonrisa.
      La Hechicera Rubia.

    1. ¡Eso, eso! Sigue creyendo en la magia de la Hechicera Rubia.
      Porque, según el amo Luc, el amor a distancia es poco menos que una leyenda urbana. Yo, en cambio, sigo pensando que hay personas capaces de cruzar kilómetros, husos horarios y hasta las malas coberturas por alguien a quien amas de verdad. Esperando siempre tu bonito comentario. ¡¡Ten cuidado!! Kaneki, el amo Luc te comentará su réplica…Gracias por tu valentia

  1. Yo soy muy paciente, Fk. Kaneki. Todos piensan así hasta que les llega. Piensan que son cosas que solo les pasan a otros, hasta que llega la gran bofetada de realidad.
    Que te dure la magia.
    Prefiero recoger los cachos de las almas ruines, no de buena gente como pareces ser tú.

  2. Qué atrevido eres entrando en el blog de la Hechicera Rubia!!
    He leído atentamente tu teoría sobre el amor a distancia y debo decirte que has cometido un pequeño error de cálculo: confundes la distancia con la falta de amor.

    Te equivocas, Amo Luc. La distancia no mata el amor; lo que lo mata es no cuidarlo. Y los cuernos, por cierto, no necesitan kilómetros: algunos se ponen incluso compartiendo sofá.

    Así que sigue sentado en tu trono, esperando el famoso «tenemos que hablar», que mientras tú cuentas kilómetros, hay parejas que cuentan los días para volver a abrazarse.

    Firmado:
    Una defensora de la Hechicera Rubia ✨

    1. ¡¡Gracias, Arancha!!
      Gracias por confiar en la Hechicera Rubia y atreverte a llevarle la contraria al Diablo.
      Él seguirá diciendo que el amor tiene fecha de caducidad y límites de kilómetros. Nosotras, hechiceras del mar y de la tierra, seguiremos creyendo que, cuando el amor es de verdad, encuentra el camino.
      Al fin y al cabo… ¿Qué va a saber el diablo de amor? Sí, precisamente esa es la única magia que jamás ha conseguido dominar.
      ¡Bienvenida al bando de los que seguimos creyendo en los imposibles!

  3. Antes que nada, buenos días, Arancha.

    ¿Error de cálculo? Permíteme que lo dude.

    Estamos de acuerdo, sin embargo, aunque no te hayas dado cuenta. Tu argumento «lo que lo mata es no cuidarlo» es también el mío. La pena es que no hayas sabido o no hayas querido relacionarlo con los cuernos, que mencionas enseguida, en el mismo párrafo. Está claro que para ti, el problema que puede aparecer son los cuernos, así que vamos a hablar de cuernos.

    Usaremos «modus ponendo ponens» para llegar desde el antecedente, que es «lo que lo mata es no cuidarlo», al consecuente, que son los cuernos. No hay nada como la lógica.

    Partimos de que hay que cuidar el amor. Tu pareja está en Corea del Sur, impartiendo unos cursos de operaciones en tiempo real en entornos exigentes como pueden ser, por ejemplo, los mercados de capitales. Vamos a poner, por no abusar, que dura dos meses, aunque no hará falta tanto.

    Al principio, cada vez que termina una de sus conferencias, te llama. Te pone videoconferencia. Pregunta por los niños, por el día a día; se interesa mucho en saber cómo estás. Como él hace eso cada día, se convierte en rutina. Tú dejas de pensar en ello y lo tomas como algo que simplemente sucederá. Total, ya han pasado tres días y los tres días han sido así. Sin embargo, no habéis acordado que sea así, simplemente ha sucedido.

    Entonces, por una de aquellas, el cuarto día un grupo de asistentes entusiasmados, como cae en viernes, le invitan a tomarse una cerveza con ellos. Él piensa que será solo media hora. Por media hora no pasa nada. Se va con ellos y empiezan a pasar los minutos, luego las medias horas y, cuando se da cuenta, han sido dos horas y pico. Se da cuenta de que la ha cagado y, para no hacer daño, hace por ocultarlo.

    Mientras tanto, tú, desde el otro lado de la tierra, no sabes lo que hace. Primero piensas que la conferencia de hoy se ha alargado un poco más. Después que igual se quedó sin batería. A las dos horas ya empiezas a enfadarte. Cualquiera podría haberle dejado un cargador, y un mensaje no cuesta tanto.

    Por fin, llama. Lo ves y parece normal. Quizá demasiado contento. Averiguas y resulta que ha estado de fiesta. ¿No podía habértelo dicho directamente? Quizá un mensaje de «Vamos a tomar algo todos y luego te llamo». Ves que te lo ha intentado ocultar.

    Encima, tú estás en tus días, o justo antes, igual te falta solo un día o dos para que te baje y estás especialmente sensible. Esos momentos bajos en los que no te sientes en la cima del mundo, más bien lo contrario. Te das cuenta de que se lo ha pasado bien. De hecho, muy bien. Le dices que te alegras por él y le cuelgas.

    No pasa nada, piensas, hay confianza. Él ahora también está jodido. No ha hecho nada malo, pero tendría que haber sido más cuidadoso. Ahora se siente culpable y está triste.

    Dentro del bar, los asistentes a la conferencia siguen de fiesta. Está claro que no va a haber más llamadas por hoy, así que se vuelve allí. Por lo menos, un poco más de alcohol, un cubatita más de nada, hará que se le olvide la cagada, y sábado y domingo son libres. Nadie le espera.

    Pero hablamos de Corea del Sur, un país donde las mujeres son especialmente liberales. Entre esas asistentes hay chicas, alguna de ellas con la fantasía profesor-alumna, y da la casualidad de que es empática y se ha dado cuenta de lo que ha pasado. Además, ella no bebe.

    En pocos minutos, lo tiene llorándole las 20 cosas más negativas que ha sentido nunca en su relación actual. Cosas que a ella le dan igual, pero que escucha porque sabe que ya es suyo. Solo tiene que esperar a que acabe un poco la fiesta o está un poco indispuesto.

    Supongo que ya lo habrás notado, pero esa coreana está cuidando de tu amor. Amor que no puede llegar solo al hotel, pero no pasa nada. Ella le lleva, que es la que más sobria está. Y le va a ayudar a subir, claro. Sabe que tiene necesidad de cariño. Después no va a pasar nada que cambie el destino del universo. Solo pasará lo que estás pensando.

    Y llega el día siguiente. Tú sabes que te pasaste, que no tendrías que haberle dicho tanto. Habría sido mejor un «No te preocupes, es normal que os toméis algo; llámame cuando vuelvas al hotel y te mando un beso de buenas noches». Lo sabes y le llamas. Le llamas y lo despiertas. Lo despiertas y se da cuenta de lo que ha hecho.

    Son cuernos, pero son tiernecitos, como los de las cabritas del monte de pocas semanas. Si tienes la oportunidad de tocarlos, verás que no son muy duros. Es curioso que con tan poca consistencia tengan la solidez necesaria para romper una relación de años.

    Te parecerá una historia imposible. Mejor que no te pase.

    Disfruta del verano.

    1. ¡¡Ay, Diablo!! Cómo se nota que jamás has conocido el amor de verdad.
      Tú alimentas dudas; el amor alimenta esperanzas. Y por eso nunca ganarás esa batalla. Porque el amor lleva siglos derrotándote sin hacer ruido.
      Tu siempre amiga, La Hechicera Rubia

  4. Ingenuas e indignadas.
    ¿Qué puedo decir que no os ofenda?
    No veo ninguna derrota.
    Hay verdad y verdad escondida.
    Ninguna derrota.
    Vosotras a lo vuestro.
    Disfrutad del verano.

  5. Desde el averno muchas gracias por dejar vuestras almas a cocer lentamente a la espera de venir a visitarme cuando os toque…😈😈😝😈😈

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