Relación a distancia basada en la confianza y el amor.
Relación a distancia basada en la confianza y el amor.

Introducción

Dicen que las relaciones a distancia están condenadas al fracaso. Pero quizá llevemos demasiado tiempo culpando a los kilómetros de algo que, en realidad, tiene mucho más que ver con las ganas, la confianza y el compromiso. Hoy esta hechicera quiere romper uno de los mitos más repetidos sobre el amor. El amor a distancia no mata el amor.


¿De verdad la distancia rompe una relación?

Voy a romper un mito desde la primera línea.

No, la distancia no es el mayor enemigo de una relación. El mayor enemigo es la desgana.

Porque puedes dormir cada noche al lado de alguien y sentirlo a años luz.

También puedes tener a la persona que quieres a mil kilómetros y sentirla en cada momento.

La diferencia no está en el mapa.

Está en las ganas.

Cada vez que alguien descubre una pareja con una relación a distancia pone exactamente la misma cara. Esa mezcla entre pena y compasión que parece decir:

«Pobrecita… Ya se dará cuenta de que eso no funciona.»

¿Perdona?

Muchos que llevan tres años cenando juntos lo hacen en silencio y mirando el móvil porque ya no tienen nada que decirse.

Como si el amor fuera una tostadora y llevara un botón que pusiera:

«Más de 300 kilómetros: avería detectada».

Porque vivir cerca no garantiza absolutamente nada. Ni fidelidad, ni pasión, ni complicidad, ni siquiera amor.

Lo único que garantiza es que compartís el mismo código postal.

Y eso, sinceramente, alma mortal, me parece un mérito bastante escaso.


La parte difícil de amar a distancia

Ahora bien, tampoco voy a disfrazar la realidad.

Hay días en los que abrazarías hasta al repartidor si llevara el perfume de tu pareja.

Hay noches en las que el móvil pesa más que un ladrillo porque ninguna pantalla sustituye una caricia.

Y las despedidas…

Ay, las despedidas.

Quien inventó la frase «es solo un hasta luego» seguramente nunca se quedó viendo cómo el tren desaparecía mientras una parte de él se iba sentada en el vagón.

Porque despedirse duele.

Siempre.

Pero ¿sabéis qué?

También hace que cada reencuentro sea una fiesta.

Las parejas que se ven todos los días acaban discutiendo porque uno ha dejado la tapa del váter levantada.

Las que viven lejos celebran hasta ir al supermercado juntas.

Y eso tiene algo precioso.

Aprendes a valorar lo que otros dan por hecho.

Un paseo.

Un café.

Una película en el sofá.

Dormir abrazados.

Cogerse de la mano.

Solo descubres lo extraordinarias que son esas cosas cuando dejan de ser cotidianas.


La confianza: el verdadero puente entre dos personas

Eso sí…

Si quieres que una relación a distancia funcione, olvídate de jugar al detective.

Nada destruye antes una historia que convertirte en inspector jefe del FBI.

  • ¿Quién le ha dado «me gusta»?
  • ¿Por qué se ha conectado hace cinco minutos y no me ha escrito?
  • ¿Quién es esa persona que sale en la foto del fondo?

Respira.

Porque si tienes que investigar constantemente…

El problema no es la distancia.

El problema es la confianza.

Y una relación sin confianza es como un coche sin gasolina.

Da igual lo bonito que sea.

No va a ninguna parte.


Hablar salva más relaciones que el romanticismo

Otra cosa que he aprendido…

No esperes que tu pareja adivine lo que te pasa.

No tiene una bola de cristal.

Eso solo lo tiene una hechicera como servidora.

Si estás triste, dilo.

Si tienes miedo, dilo.

Si echas de menos un detalle, dilo.

Hablar salva más relaciones que el romanticismo.

Y muchísimo más que las indirectas.

Porque las indirectas son como lanzar una botella al mar esperando que llegue exactamente a quien quieres.

Y normalmente…

Acaban en cualquier otra playa.


La chispa no desaparece por los kilómetros

Y hablemos de la chispa.

Ese gran drama.

—¿Y si con la distancia se apaga?

Pues claro que puede apagarse.

Pero no por los kilómetros.

La chispa desaparece cuando dejamos de conquistar a quien ya creemos conquistado.

Cuando dejamos de preguntar cómo ha ido el día con verdadero interés.

Cuando dejamos de sorprender.

Cuando dejamos de reír juntos.

Cuando pensamos que el amor ya se mantiene solo.

Y no.

El amor es como una planta.

Sí, la comparación está muy vista.

Pero sigue siendo cierta.

Si no la riegas…

Se seca.


Los pequeños gestos sostienen las grandes historias

No hace falta gastarse un dineral para mantener viva una relación.

A veces basta un mensaje que diga:

«He visto esto y me he acordado de ti.»

O…

«No tengo nada importante que contar… Solo quería escucharte respirar un momento.»

O una canción.

Una foto absurda.

Una videollamada de diez minutos.

Los pequeños gestos hacen muchísimo más ruido que los grandes discursos.


No dejes de vivir mientras esperas

Y, por favor…

No aparques tu vida mientras esperas el próximo reencuentro.

Ese es uno de los errores más peligrosos.

Tu pareja quiere reencontrarse con alguien que sigue creciendo.

Que sigue riendo.

Que sigue teniendo historias que contar.

Porque el amor bonito no consiste en necesitarse.

Consiste en elegirse.

Una y otra vez.


Lo que realmente pone a prueba el amor

Si alguien vuelve a decirte que una relación a distancia está condenada al fracaso…

Pregúntale:

¿Cuántas parejas conoces que viven en la misma casa y hace meses que dejaron de mirarse a los ojos?

Verás cómo cambia la conversación.

Al final he llegado a una conclusión muy sencilla.

La distancia no pone a prueba el amor.

Pone a prueba a las personas.

Porque querer es muy fácil cuando todo sale bien.

Lo difícil es seguir eligiendo cuando entre los dos hay kilómetros, horarios imposibles, despedidas y pantallas.

Y precisamente por eso…

Cuando funciona…

Tiene un sabor especial.


La decisión que mantiene vivo el amor

Mi pequeño ser de luz…

Esta hechicera de más de cien años ha visto relaciones romperse con una pared de por medio.

Y otras sobrevivir con un océano entre los dos.

Así que igual el problema nunca fue la distancia.

Igual siempre fueron las ganas.

Porque el amor necesita vivir en el mismo proyecto.

En la misma ilusión.

Y en las mismas ganas de seguir juntos.

Sin excusas.

Recuerda una cosa.

El destino puede cruzar dos vidas por casualidad.

Pero que esas dos vidas sigan caminando juntas…

Eso ya no es cosa del destino.

Eso es una decisión.

Y sabéis qué…

Las mejores historias de amor nunca las escriben los mapas.

Las escriben dos cabezotas que, después de mil obstáculos, siguen diciendo:

«Vale… ¿y ahora cuándo nos vemos?»

Y lo demás…

Son todo cuentos.


Con cariño y mucha chispa,

Te lo dice tu siempre amiga,

La Hechicera Rubia

Y tú, mi pequeño ser de luz… ¿Crees que el mayor enemigo del amor es la distancia o las excusas? Te leo en los comentarios. 💜


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por Amo Luc

Lucifer, bueno, ¿quién no conoce mi historia? De todas formas, algún día os contaré mi versión, para que conozcáis la verdad. Menos mal que conseguí salir de ese horno. Luego dicen que Dios aprieta pero no ahoga.

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