Hola, almas mortales, la hechicera rubia viene a hablaros de un fenómeno oscuro, traicionero y peligrosamente cómodo: la procrastinación.
La procrastinación no es pereza. Si fuera pereza, estarías tirada en el sofá mirando el techo y las telarañas que se esconden en las esquinas del mismo.
La procrastinación es una actividad falsa. Muchaaa actividad, intensísima, pero inútil.
Te sientas a trabajar, enciendes el ordenador… Estás decidida a darlo todo… De repente, llega ese pensamiento que cae como descarga eléctrica en tu mente:
—Antes voy a mirar el correo, por si acaso, y de paso el Instagram, a ver si Trump ha escrito alguna de sus payasadas y me río un poco.
ERROR
Ese “por si acaso” es la puerta al inframundo. Cinco minutos después estás leyendo un email de 2017, tu Tinder, haciendo un apalabrados y de paso un Duolingo para aprender inglés, respondiendo mentalmente algo que no vas a enviar en tu existencia y preguntándote qué fue de tu vida y por qué estás allí trabajando en ese momento.
Imaginaros que queréis escribir un libro, pero decidís prepararos emocionalmente.
Eso incluye hacer café, cambiar de taza, cambiar de sitio para que no refleje mucho la luz, poner la música, quitar la música, buscar la música perfecta para crear, y cuando por fin lo consigues… te das cuenta de que tienes hambre. Resultado final: No has escrito.
Eso, queridos lectores, es procrastinar con estilo.
Otro ejemplo claro, para que entiendas qué es procrastinar… el ejemplo más peligroso:
Lo hago mañana, que con presión trabajo mejor.
¿En serio? ¿De verdad? Espera que me eche unas risas.
Eso no es productividad, eso es autoengaño premium.
Mañana tú no eres una versión mejorada.
Mañana tú eres la misma persona, pero con culpa, sueño y menos paciencia… Mientras tu trabajo de final de carrera, tus exámenes finales, tu proyecto de vida languidecen.
La procrastinación se disfraza de cosas muy nobles
Es que tengo que investigar más, necesito ordenarlo todo antes porque soy una hechicera muy limpia, no quiero hacerlo mal; no salgo a hacer deporte porque hace un frío del carajo…
TRADUCCIÓN:
Tengo miedo de empezar y descubrir que no es perfecto, y que cada momento para crecer cuesta.
La procrastinación vive de una mentira preciosa y piadosa: dice que existe el momento ideal.
Que hay un momento único para comprarte una casa, que hay un momento ideal para ganar en trading, que hay un momento específico para triunfar como humorista…
Espóiler de hechicera veterana:
NO EXISTE ESE MOMENTO
El momento idóneo es ese en el que empiezas mal, sin ganas y a regañadientes… y aun así sigues. Sigues hacia adelante, como muchas veces dice la publicidad del BBVA.
¿Sabes cómo se rompe el hechizo?
No motivándote, no castigándote y no insultándote. Se consigue sentándose cinco minutos y haciéndolo aunque sea feo.
La procrastinación no soporta eso. Porque cuando empiezas, aunque sea fatal, se queda sin excusas.
Y ahí, amiga y amigos míos, es cuando la magia ocurre.
¿Cómo superar la procrastinación y conseguir hacer las cosas en 2026?
Deja de permitir que los hábitos de procrastinación arruinen tu agenda, tu productividad y tu paz mental. Porque seamos honest@s: no es falta de tiempo, es exceso de distracciones con excusas cutres.
La procrastinación no llega gritando, sino en pijama, con café caliente y voz dulce de sirena que te hipnotiza:
—Tranquiiiii… Esto lo haces luego.
Y luego, luego… Nunca llega.
Averigua qué desencadena tus hábitos de procrastinación
Ese es el primer hechizo que tienes que aprender. Porque nadie procrastina “porque sí”. Lo hacemos por algo.
Y sí, déjame adivinar:
¿Alguna vez has limpiado a fondo tu casa justo cuando tenías una fecha límite importante? ¿Has fregado juntas del aseo que no sabías que existían? ¿Has decidido reorganizar el armario emocional y físico mientras un correo urgente te miraba fijamente desde el portátil? ¿O has perdido “solo cinco minutos” en redes sociales… y una hora después estabas viendo a alguien explicar cómo doblar camisetas en un comercio japonés?
Bienvenida y bienvenido… Esto también es tu aquelarre.
Los hábitos de procrastinación afectan absolutamente a todo el mundo. No distingue entre personas responsables, creativas, inteligentes o motivadas. Y además tienen un efecto secundario “maravilloso”, como dice la Pantoja:
Acumulan estrés innecesario, culpa, sensación de que los demás te quitan tiempo, y el malestar constante de llegar siempre tarde a tu propia vida.
¿Cómo superar la procrastinación?
Manual práctico de la hechicera rubia (con varita en una mano y café en la otra)
Como buena hechicera, he aprendido algo a base de ensayo, error y muchas horas perdidas en tareas absurdas: la procrastinación no se combate con fuerza de voluntad, sino con selección.
Sí, selección. Como en Hogwarts, pero sin túnica.
Primer hechizo: quédate con lo que te relaja y bloquea lo que te distrae.
La procrastinación se alimenta de estímulos fáciles. Redes sociales, notificaciones, WhatsApp… El “solo miro un segundo”.
Así que mi primer conjuro es simple y poderoso:
Elijo lo que me relaja de verdad. Bloqueo lo que me distrae.
No se trata de vivir como una monja medieval. Se trata de decidir conscientemente qué entra en tu campo de visión mientras trabajas. Si algo te roba la atención, se va del círculo mágico. Sin drama, sin culpa y, desde luego, con elegancia.
Segundo hechizo: Haz primero lo más importante (sí, aunque dé pereza).
Aquí invocamos a un mago sabio: Brian Tracy y su famoso método llamado “tragarse el sapo”
La idea es simple:
Empieza el día con la tarea más difícil y más importante.
La que te da más pereza, la que llevas días esquivando, y la que te mira desde la lista y te juzga.
Cuando te la comes a primera hora (metafóricamente, tranquila), ocurre la magia:
Tu ansiedad baja, tu energía sube como la espuma y todo lo demás parece más fácil. Porque has sobrevivido al peor dragón del día.
Tercer hechizo: divide y vencerás (o cómo no huir despavorida)
Los proyectos grandes son el alimento favorito de la procrastinación. Son tan enormes, tan a largo plazo, tan confusos que gritan, y lanzan bramidos nivel huracán:
—¡¡No empieces!!
Así que la hechicera rubia te propone esto:
“Los divides en pequeñas partes”
Muy pequeñas, aunque te parezcan ridículas. Trabajo en sesiones de 25 minutos. No más. No “hasta acabar”. Solo 25 minutos.
Cuando sabes que algo tiene principio y fin, deja de parecer una montaña imposible y se convierte en un caminito manejable. Y lo mejor: en un día sí que puedes avanzar mucho, si no te asustas a ti mism@.
Cuarto hechizo: Bloquea físicamente las distracciones.
(Sí, físicamente, como si fueran demonios menores).
Aquí va una verdad incómoda que como hechicera tuve que aceptar:
Si algo está a tu alcance, acabarás tocándolo.
El móvil no es neutral, las redes no son inocentes. Las notificaciones son pequeños gremlins gritando: «Mírame, mírame, mírame…».
Por eso, desactiva notificaciones, usa bloqueadores web y quita el acceso directo. No es falta de autocontrol, es diseño inteligente. Si no puedes entrar, no navegas. Si no navegas, no te distraes. Y si no te distraes… magia.
La hechicera rubia no confía en su fuerza de voluntad: confía en las barreras.
Para entender qué es la procrastinación y cómo evitarla, hay que mirar debajo de la alfombra psicológica. Y sí… hay cosas ahí.
No nos engañemos, la procrastinación rara vez tiene que ver con la pereza. Más bien con la falta de motivación real, el perfeccionismo, miedo al fracaso y, sobre todo, miedo a no estar a la altura. Miedo a ser feliz.
Conclusión: miedo.
Muchas veces no pospones porque no puedas. Pospones porque dudas de ti antes incluso de empezar.
El cerebro, muy listo él, dice:
Mejor no empezamos… así no fallamos. Y tú, mientras limpias la casa, el coche (que no lo harías en situaciones normales), das clases a todo el mundo, organizas carpetas y haces cosas productivas que no son esa cosa que sabes que te va a llevar al éxito.
El gran secreto es que, cuando miras al miedo de frente, se encoge.
El miedo es poderoso solo mientras está escondido. Cuando lo sacas a la luz, cuando dices “vale, ¿qué es lo peor que puede pasar?”, casi siempre descubres que tus mayores temores estaban inflados.
No eran dragones, eran lagartijas con complejo de superioridad.
Cuando dudas de tus capacidades y temes equivocarte, la procrastinación aparece como una falsa solución… una anestesia temporal.
Pero no cura.
¿Qué hacemos?
Nos comemos al sapo… aunque dé miedo, aunque no tengamos garantías y aunque no sepamos si saldrá perfecto.
Empezamos, porque el miedo no desaparece esperando. Desaparece cuando no piensas más, solo actúas.
Por eso, vamos a dejar algo claro: no necesitamos pensar más, necesitamos hacer.
Pensar es fantástico, reflexionar también. Pero llega un punto en el que pensar demasiado se convierte en una forma elegante de no empezar.
La vida no va a despejar la agenda, apagar las distracciones y darte una palmada diciendo: Ahora sí, campeona, es tu turno.
Eso no pasa. Lo que sí pasa es esto:
El tiempo se escapa, las tareas se acumulan y la culpa se instala como un inquilino molesto.
Así que aquí va la patada metafórica, pero con cariño.
Deja de sobrepensarlo
Deja de sobrepensarlo, elige una cosa, ponle un límite de tiempo y empieza yaaa.
No mañana, como dice el José Mota. No después de leer otro post mío… Ahora. No necesitas ganas, no necesitas claridad absoluta, no necesitas sentirte preparada. Necesitas cinco minutos y decisión.
La procrastinación no se derrota con grandes planes ni con motivación épica. Se derrota cuando dices:
—Vale. Me pongo, aunque sea un poco. Aunque lo haga mal.
Busca tiempo como buscarías las llaves cuando llegas tarde: con urgencia, con foco y sin drama. Porque la acción no llega cuando todo está perfecto. La acción llega cuando te cansas de posponer tu propia vida.
Y ahora sí, cierra este post. No lo guardes, no lo subrayes, no lo compartas “para luego”.
Haz algo, lo que sea, pero hazlo. Esa es la magia de verdad.
Y si algún día dudas, recuerda esto:
La magia no aparece cuando todo está en calma, aparece cuando das el primer paso, aunque tiembles.
Hazlo ahora, hazlo imperfecto, pero hazlo tuyo.
Y esto, sin varitas mágicas ni excusas baratas, te lo dice:
La Hechicera Rubia.
Descubre más desde La Hechicera Rubia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

