El salario emocional
El salario emocional

EL SALARIO EMOCIONAL: CLAVE PARA LA MOTIVACIÓN Y RETENCIÓN DE EMPLEADOS

¿Cómo han cambiado las expectativas laborales? (Spoiler: ¡ya no es como antes, almas mortales!).

Empieza un nuevo año. Doce meses por delante, propósitos recién estrenados y esa vocecita interior que dice: “Este año sí… este año cambio de trabajo”. O al menos, “le doy una vuelta a mi vida laboral, que ya va tocando”.

Hasta aquí, todo normal. 

Lo interesante viene cuando miramos qué esperamos hoy de un trabajo… porque, ¡¡sorpresa!!: ya no pedimos lo mismo que antes.

Hubo un tiempo (no tan lejano, pero parece de otra era) en el que la prioridad era clara: ESTABILIDAD. Un contrato indefinido y ya podías respirar tranquilo. Fin. Esto, todavía es para mí lo prioritario para sentirte parte de una empresa; es una forma de sentir que cuentan contigo y que les gusta el desempeño de tu trabajo.

Pero además de esto, los tiempos han cambiado (y nosotros, lindas almas terrenales, con ellos), y las expectativas laborales también se han modernizado, flexibilizado, y se han tornado un poquito exigentes. 

Entonces… ¿Qué buscan los nuevos empleados?

Hoy en día, los futuros profesionales ya no solo quieren un sueldo a final de mes. Quieren calidad de vida, sentido y, si puede ser, no vivir pegados a una silla de oficina de 9 a 7. Aquí entra en juego el famoso salario emocional (sí, ese del que todo el mundo habla y no siempre todo el mundo aplica).

Por tanto, las prioridades laborales de los empleados según La Hechicera Rubia:

Advertencia: contiene verdades, sarcasmo y algo de magia negra corporativa.

Queridas criaturas del mundo laboral:

Sí, queremos trabajar.

Sí, queremos hacerlo bien.

Pero ya no estamos aquí para sufrir por amor al arte. Las prioridades han cambiado, y La hechicera Rubia viene a explicarlo, con magia, claro.

1. Salario y beneficios: el hechizo básico

Empecemos por lo obvio, que nadie diga luego que engañamos a nadie:

El salario importa y muchísimo.

Un sueldo competitivo sigue siendo fundamental para cualquier candidato nuevo. Porque la motivación está genial, pero no paga la luz, ni el alquiler, ni ese café de “me lo merezco” después de una reunión eterna.

Queremos trabajar, sí. Pero también vivir. Que solo tenemos una vida. Y si el sueldo no acompaña, la magia se rompe.

2. Conciliación y flexibilidad: la hechicera multitasking

Aquí entramos en terreno místico-femenino/masculino.

La conciliación y la flexibilidad ya no son un capricho moderno, son supervivencia.

Horarios flexibles, trabajo híbrido, teletrabajo… Por qué muchas veces estamos en una reunión por Zoom y aprovechamos la pausa para poner una lavadora, responder WhatsApps del cole, remover el caldero y fingir que todo va fenomenal.

Flexibilidad no es vaguear.

Es poder vivir sin sentir que siempre llegas tarde a todo.

3. Desarrollo profesional y empleabilidad: pócimas de superpoderes

Aquí la hechicera se pone seria (pero solo un poco). Mantener las competencias actualizadas y aprender cosas nuevas es clave.

Es más importante, incluso, que el teletrabajo o el trabajo “emocionante”. 

Porque sin habilidades nuevas, no hay superpoderes. Y nadie quiere ser la heroína con capa… pero sin poderes.

Aprender, reciclarse y evolucionar: eso es lo que te mantiene invencible y deseable en un mercado laboral que cambia más rápido que los hechizos de TikTok.

4. Ambiente laboral y liderazgo: huimos del jefe oscuro.

El ambiente laboral importa… y muchooo. Y el liderazgo… ay, el liderazgo.

Queremos líderes que escuchen, tengan empatía, no griten, no manden correos a horas malditas y no crean que motivar es decir “somos una familia” mientras te exprimen tu alma y venden la suya al diablo.

Buscamos líderes humanos, no villanos tóxicos de película dominados por la ambición, cuyo único legado es apagar el potencial de su equipo.

5. Estabilidad laboral: el conjuro de la calma

Aunque todo haya cambiado, hay algo que sigue pesando: la estabilidad laboral.

La seguridad en el empleo sigue siendo importante porque vivir con incertidumbre constante envejece, y mucho. 

Queremos estabilidad para planificar, respirar y no vivir siempre pensando:

“¿Y si mañana…?”

Un ambiente de trabajo positivo es fundamental, y no solo porque haga la jornada más llevadera o evite dramas innecesarios junto a la máquina de café. ¡Va mucho más allá!

Se trata de un pilar estratégico para el éxito de la empresa.

Un entorno laboral saludable no solo mejora la satisfacción y la salud mental de los trabajadores, sino que también impulsa directamente la productividad, la retención del talento y, cómo no, la rentabilidad de la empresa. Vamos, que no es magia… aunque lo parezca.

¿Qué nos trae todo esto?

1. Aumento de la productividad y el rendimiento

Un ambiente positivo fomenta la motivación y el compromiso, lo que se traduce en un aumento significativo de la productividad. Cuando los empleados se sienten valorados y respetados, trabajan mejor, se implican más y hasta se atreven a asumir retos que antes esquivaban como si fueran trolls gruñones.

¿Imaginas una oficina donde llegues por las mañanas, lanzando tu hechizo de “Buenos días”? Hasta esos trolls que refunfuñan a todas horas, bajarían la guardia. Ir a trabajar contento hace que los proyectos avancen, las ideas fluyan y hasta los más rezagados acaben sus tareas antes de tiempo.

Por desgracia, muchos entornos laborales no son así, primando la desigualdad entre compañeros y fomentando adrede el mal rollo.

Muchas empresas no se dan cuenta de que la diferencia no está en trabajar más horas, sino en trabajar mejor, sin maldiciones innecesarias. 

2. Retención del talento y reducción de la rotación

En un mercado laboral cada vez más competitivo, el ambiente de trabajo se ha convertido en un factor clave para atraer y retener a los mejores profesionales.

Cuando el clima es sano, los empleados desarrollan su sentido arácnido de pertenencia, como Peter Parker, y dejan de mirar LinkedIn como si fuera un catálogo de escapadas urgentes.

Hay que conseguir que la oficina se convierta en un lugar seguro para opinar, crecer y trabajar sin miedos a los enanos fisgones del pasillo y a los cotillas peloteros. Si se consigue, lo más probable es que nadie quiera salir corriendo escoba en mano.

El buen líder escucha al soldado, el que da su tiempo y se encuentra en el frente, y no solo a los que llevan las rodillas desgastadas de tanto decir lo que los jefes quieren escuchar en su beneficio propio.

Los empleados satisfechos no solo se quedan, sino que recomiendan, se implican y defienden la empresa como si fuera parte de su propio aquelarre.

3. Fomento de la innovación y la colaboración

Un entorno abierto a sugerencias y libre de juicios y perjuicios es el caldero perfecto para que surjan nuevas ideas. Cuando los empleados se sienten seguros para hablar —sin miedo a que les miren raro o a que el subnormal de turno levante la ceja—, la creatividad fluye.

En este tipo de ambientes, no se deben lanzar hechizos de “mejor cállate”, sino de “cuéntame más”.

Y así pasan cosas curiosas:

Ideas que parecían locuras se convierten en soluciones brillantes y los equipos empiezan a colaborar de verdad, no solo a compartir reuniones eternas o castigos sin sentido. 

Una empresa que solo quita derechos a los empleados y no premia el corazón que ponen en su labor es una empresa abocada a la extinción, mientras contratan miles de trabajadores que solo lo ven como un puesto de paso.

4. Mejora del bienestar y la salud mental.

Las empresas que cuidan el bienestar emocional y la salud mental de sus empleados suelen decir que tienen equipos felices. 

En otras, aún hay gente que a veces pregunta:

“¿Por qué hay gente de baja últimamente?” Uyyy… sorpresa: porque la gente ha tenido que cogerse todas las horas médicas acumuladas por no cuidarse antes.

Y cuidado… que como te cojas bajas, te pueden quitar incentivos, premios de refuerzo o cambiarte del departamento en el que eras feliz. 

Un ambiente laboral de apoyo reduce los niveles de estrés y ansiedad, evitando que los empleados funcionen en modo supervivencia permanente.

Menos nervios, menos agotamiento y menos ganas de salir corriendo como si fueras un miura en mitad de semana. 

Es muy importante la descentralización del poder. Para las grandes empresas somos números y no conocen nuestras situaciones particulares y familiares. Solo tienen un objetivo en mente: llegar a la producción y objetivo deseado. Las empresas tendrían que tener una política descentralizadora, donde nuestro líder fuera capaz de poder decidir cómo apoyar a sus subordinados más cercanos, es decir, a su equipo.

Muchas veces, por esa rígida centralización, reciben palmaditas en la espalda personas que cumplen el objetivo, pero porque solo están en el mismo departamento de por vida, y no se paran a cuidar a otros compañeros que están en desigualdad de condiciones.

Un líder que conoce al equipo y a sus subordinados puede premiar a quien efectivamente haga un trabajo de calidad, al empleado rentable para la empresa… entre eso, ver que es un buen compañero.

No seáis tiburones. Sed buenos colegas… Ya no estoy diciendo amigos (en el trabajo se viene a ganar dinero, no a hacer amigos… como dicen muchos marxistas fríamente), sino que fomentéis el equilibrio dentro de esa competitividad que conlleva tener los mismos puestos. 

La hechicera Rubia te dice que, a veces, más vale caer en gracia que ser bueno en algo. El talento sin simpatía acaba generando más eclipses que aplausos. 

5. Un ambiente laboral sano se nota.

Se respira en los pasillos, se cuela en las reuniones, en los talleres, en las plataformas y acaba cruzando la puerta de la empresa hacia fuera. Cuando las personas están a gustito, la marca se vuelve más fuerte, más creíble y más atractiva, tanto para clientes como para socios, que perciben profesionalidad, coherencia y confianza sin necesidad de grandes discursos.

Cuidar a las personas no solo mejora el clima interno, también construye relaciones externas más sólidas y duraderas. Porque una empresa que trata bien a su equipo suele tratar bien al mundo.

No olvidemos que la definición de empresa es “agrupación de personas con un objetivo común”. Son esas personas las que tratan con los demás. “Empresa” es solo un nombre colectivo, igual que lo es “gente”. Sin esta gente no hay empresa.

La mejor magia corporativa no está en el logo ni en el eslogan, está en cómo se siente la gente cuando trabaja en equipo… y en cómo hablan unos de otros cuando salen por la puerta.

Y esto, amigo, sin pócimas ni lociones baratas, te lo dice tu siempre amiga,

La Hechicera Rubia.


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